WINSTON CH: “NUNCA RENDIRSE, SIEMPRE RECONSTRUIRSE”
- Enrique Portnoy

- 2 days ago
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¿Qué tienen en común un primer ministro que lideró al mundo libre en su hora más oscura y un mentor que guía a las personas en su reconversión vital? Más de lo que parece.
En esta charla imaginaria, y profundamente posible en lo simbólico, Winston Churchill y Osvaldo Salvadores se sientan frente a frente, con una copa en la mano y el tiempo a sus espaldas.
Uno forjó el carácter de una nación en guerra. El otro ayuda a forjar futuros personales cuando parece que ya no queda batalla por librar. Hablan del Segundo Tiempo, de lo que viene después del ruido, del poder de la experiencia, y del valor de reinventarse cuando muchos ya quieren rendirse. Lo que sigue no es sólo un diálogo. Es una lección de temple, claridad y propósito.
REUNIÓN DE TRABAJO CON OSVALDO SALVADORES WC: Osvaldo, cuando me hablaste por primera vez del “Segundo Tiempo”, pensé que te referías a un partido de fútbol… pero ahora comprendo: estás hablando de algo mucho más profundo. Del momento en el que el ser humano deja de correr detrás del reloj, y empieza a preguntarse para qué sigue corriendo. OS: Exactamente, Winston. El Segundo Tiempo no es una etapa para retirarse, sino para reinventarse con inteligencia, propósito y libertad. Es cuando la experiencia, en lugar de pesar, se vuelve un puente hacia nuevas posibilidades. WC: “A los 20 uno cree que va a cambiar el mundo. A los 50 comprende que debe comenzar por sí mismo.” No es una cita famosa, es solo una observación amarga con cierto aroma de verdad. La reconversión profesional que propones me parece algo más elevado: es una reconquista interior. Una reescritura de la historia personal. OS: Y no es fácil. Porque implica desafiar certezas, abandonar viejos mandatos y animarse a volver a aprender. En el fondo, es una batalla cultural contra la idea de que “ya fue”, que después de cierta edad, solo queda cuidar el jardín. WC: ¿Y por qué cuidar el jardín… si podés rediseñar el mapa del alma?Mirá, Osvaldo, yo tuve mis más grandes responsabilidades después de los 60. Durante mis primeros años, me echaron, me desacreditaron, dijeron que estaba acabado. Y sin embargo, “Nunca, nunca, nunca te rindas”… esa fue mi brújula. OS: Eso me inspira profundamente. Hay algo muy poderoso cuando alguien comprende que todavía puede influir, inspirar, construir. Lo que hacemos en Segundo Tiempo es darle estructura a esa intuición. Mostrar caminos. Generar comunidad. Volver a poner en juego la experiencia como un activo, no como un recuerdo. WC: Vivimos en una era que adora la novedad y desprecia lo vivido. Pero lo viejo, si es sabio, es una mina de oro. El problema es que muchos ya no saben qué hacer con lo que saben. Se sienten fuera de juego. Lo que hacés es devolverles el tablero… y las piezas. OS: Tal cual. Les decimos: “Tenes mucho más que ofrecer de lo que creés”. Porque además de conocimientos técnicos, tienen algo mucho más escaso: perspectiva. Tienen una mirada que ya pasó por la derrota, el éxito, el cambio, la pérdida, la reconstrucción. Y eso, cuando se canaliza, es oro puro. WC: “La historia será amable conmigo, porque tengo la intención de escribirla.”Eso se aplica también a la vida personal. El Segundo Tiempo es, en realidad, la oportunidad de reescribir la biografía desde un lugar más consciente. Dejar de reaccionar y empezar a crear. OS: Exactamente. Es elegir. Y ahí surge algo muy profundo: el legado. ¿Qué queres dejar? ¿Cómo queres ser recordado? ¿A qué le vas a dar tiempo y energía? No es solo reconversión laboral, es una reconversión existencial. WC: Decime, ¿cuál es el obstáculo más grande que ves en la gente cuando llega a esta etapa? OS: La creencia de que ya no pueden cambiar. La idea de que es tarde. Esa es la trampa más grande: confundir cronología con destino. Pero cuando logran derribar esa barrera, lo que emerge es una creatividad descomunal. WC: El tiempo, Osvaldo, no es un enemigo. Es un escultor. Nos afila, nos pule, nos endurece y, si lo permitimos, nos hace eternos a través de lo que dejamos en los demás. El problema es que muchos solo sienten el paso del tiempo como desgaste, no como maduración. OS: Por eso hablamos tanto de resignificar. Lo vivido no es un archivo muerto. Es una biblioteca interna, lista para ser leída con nuevos ojos. Lo que cambia es el lector. WC: Esa frase merece estar en mármol. Y decime: ¿cuál es tu objetivo final? ¿Qué deseás que logren quienes atraviesan este proceso? OS: Que encuentren sentido. Que vivan este nuevo ciclo no como un cierre, sino como una expansión. Que hagan algo con su historia, con su saber, con su deseo. Que ya no busquen currículum, sino coherencia. Que se animen a construir con otros. Que no vivan lo que les queda… sino lo que todavía pueden hacer nacer. WC: Entonces, querido mentor, estás entrenando soldados para la última gran batalla: la de vivir con dignidad, propósito y libertad. Y como decía en mis días de mayor oscuridad: “Esto no es el final. No es siquiera el comienzo del final. Pero quizás es el final del comienzo.” OS: Y ese final del comienzo puede ser lo más luminoso. Cuando el ego se aquieta, y el alma toma la palabra. Cuando ya no se trata de escalar… sino de acompañar. De dejar huella, no marca. WC: Entonces brindemos, viejo amigo. Por los que todavía están dispuestos a cambiar.Por los que se animan a empezar otra vez, no porque hayan fracasado… sino porque han comprendido. OS: Brindemos, Winston. Porque el Segundo Tiempo no es una etapa de la vida. Es una decisión. Y como toda gran decisión, requiere coraje. WC: Y una copa de buen whisky.





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