MARTINA N: LA VIDA TAMBIÉN SE GANA EN EL SEGUNDO TIEMPO
- Enrique Portnoy

- Feb 13
- 3 min read

En un diálogo profundo y cargado de humanidad, Osvaldo Salvadores, se encuentra con una de las leyendas más admiradas del deporte mundial: Martina Navratilova. Años después de haberlo ganado todo en las canchas, la extenista comparte cómo fue el tránsito hacia una vida plena fuera del circuito profesional, tocando temas como la reinvención personal, los valores que trascienden el éxito deportivo, la importancia de la autenticidad y el rol del propósito. Una conversación que no gira en torno al pasado, sino a cómo abrazar el futuro con valentía, humor y profundidad.
REUNIÓN DE TRABAJO CON OSVALDO SALVADORES
OS: Hola Martina, me gusta pensar esta conversación no como una entrevista, sino como un encuentro entre dos buscadores. En tu caso, una mujer que llegó a lo más alto del deporte y que, sin embargo, no se detuvo allí. ¿Cuándo empezaste a pensar que había una vida más allá del tenis?
MN: Osvaldo, sabés que la mayoría cree que esa pregunta aparece el día del retiro, pero para mí surgió mucho antes. Ya en mis últimos años como profesional, había un runrún interno que me decía: "Esto no puede ser todo". Amo el tenis, me dio todo, pero también me limitó a una sola dimensión. Empezar a salir de esa "etiqueta" fue el comienzo del Segundo Tiempo para mí.
OS: Lo que decís me recuerda una de tus frases: "La etiqueta de extenista me queda corta". ¿Qué dimensiones sentís que florecieron cuando ya no estabas en el circuito
MN: Varias. La activista. La escritora. La oradora. Pero sobre todo, la observadora. Volver a ver la vida con tiempo, sin la presión del reloj ni la tabla de ranking. Pude mirar el mundo con más empatía, más compromiso. El deporte te endurece en muchos aspectos, pero también te entrena para levantarte y esa es una habilidad que necesité mucho en esta etapa.
OS: En Segundo Tiempo hablamos mucho de esa reinvención como un acto consciente. No se trata de llenarse de actividades, sino de redescubrir qué nos apasiona. En tu caso, ¿cómo encontraste nuevas pasiones?
MN: Fue un proceso. Primero, el activismo por los derechos LGBTQ+. Era algo que ya hacía, pero a media voz. Decidí que en mi Segundo Tiempo no quería callarme nada. Luego vino la naturaleza, los animales, la escritura, el comentario deportivo desde otro lugar. No necesitaba ganar, necesitaba aportar.
OS: Esa idea de "dejar de ganar para empezar a aportar" es poderosa. ¿Sentís que es algo que cuesta asumir a quienes vivieron del alto rendimiento?
MN: Muchísimo. Hay una especie de "síndrome del podio": si no sos la mejor, pareciera que no vales y eso te puede destruir. Yo tuve que aprender a disfrutar del anonimato, de no tener que probar nada. En el Segundo Tiempo, el aplauso se vuelve interno.
OS: Y muchas veces más honesto, ¿no? Porque estás en contacto con lo esencial. En tu caso, eso te llevó también a enfrentar enormes desafíos de salud. ¿Qué aprendiste de eso
MN: Que la vulnerabilidad es parte de la grandeza. Me diagnosticaron cáncer dos veces. No hay título que te proteja de eso. Pero también me reafirmó una cosa: la vida no es qué haces, sino cómo lo vivís. Tener miedo, llorar, aceptar ayuda, reírme en medio del caos... todo eso también es ser fuerte.
OS: Lo que decís es clave: redefinir la fuerza. Vos fuiste una atleta físicamente imponente, pero ahora mostras una fortaleza emocional y espiritual igual de notable. ¿Crees que esa es una tarea del Segundo Tiempo?
MN: Sin dudas. El primer tiempo es del ego, del cuerpo, de la competencia. El segundo es del alma. De dejar huella sin pisar a nadie. De ayudar. De inspirar desde la verdad. Ahí está el verdadero legado.
OS: Hablando de legado... ¿Qué querés dejar?
MN: Que se puede vivir con autenticidad. Que no hace falta encajar en ningún molde. Que el éxito no es una medalla, es poder dormir tranquilo con quien sos. Y que, incluso después de haber llegado a la cima, hay mucho por descubrir, porque la cima no es el final del camino, es apenas una vista distinta del viaje.
OS: Brillante. En Segundo Tiempo decimos que "jubilarse no es retirarse, es redirigirse". Vos sos un ejemplo vivo de eso.
MN: Gracias, Osvaldo. Creo que mientras sigamos aprendiendo, estamos vivos. Y si encima lo compartimos, entonces estamos dejando algo que vale la pena.
OS: Y vos lo estás haciendo. Gracias por esta conversación tan profunda, tan humana. Sos un faro para muchas personas que están buscando sentido después del "gran logro".
MN: Gracias a vos. Este tipo de charlas son las que me dan energía. Porque en el fondo, todos estamos en el mismo juego: el de vivir con sentido.




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