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EL ARTE DE CONDUCIR - ALEJANDRO S.

  • Writer: Enrique Portnoy
    Enrique Portnoy
  • 11 hours ago
  • 7 min read

LA RECONVERSIÓN DEL JUGADOR EN CONSTRUCTOR DE EQUIPOS Alejandro Sabella fue uno de los entrenadores más respetados del fútbol argentino contemporáneo. Su trayectoria como jugador lo llevó por clubes importantes de Argentina y Europa, pero fue en su etapa como entrenador donde desplegó plenamente su capacidad de liderazgo, lectura estratégica y comprensión humana del juego. Discípulo intelectual de una tradición futbolística que valoró siempre el trabajo, el análisis y la organización, una línea que en el fútbol argentino reconoce nombres como Osvaldo Zubeldía y Carlos Bilardo, Sabella desarrolló un estilo propio basado en el equilibrio, la observación, la sensibilidad y el respeto por lo colectivo. Al frente de Estudiantes de La Plata conquistó la Copa Libertadores 2009 y, años después, condujo a la selección argentina hasta la final del Mundial 2014. Pero su figura deja una enseñanza que va mucho más allá de los resultados: el liderazgo no es una prolongación automática del talento como jugador; es una reconversión profesional compleja, exigente, muchas veces silenciosa, que obliga a cambiar de identidad, de perspectiva y de responsabilidad. En esta conversación imaginaria con Osvaldo Salvadores aparece una idea central del Segundo Tiempo: la verdadera evolución de un deportista comienza cuando deja de intentar ser protagonista para empezar a construir el protagonismo de otros.



REUNIÓN DE TRABAJO CON OSVALDO SALVADORES

OS: Alejandro, tu carrera tiene una particularidad muy interesante. Fuiste un muy buen jugador, pero tu etapa más influyente llegó como entrenador. ¿Cuándo empezó esa transformación? AS: Empezó cuando entendí que el fútbol no era solo jugarlo. OS: ¿Qué era entonces? AS: Pensarlo. Y no solamente pensarlo como sistema de juego. Pensarlo como fenómeno humano. OS: Esa segunda parte es muy importante. Muchos futbolistas creen que entender el juego alcanza para dirigir. AS: No alcanza. OS: ¿Qué falta? AS: Entender a las personas. OS: O sea que el entrenador trabaja más con personas que con tácticas. AS: Exactamente. La táctica importa, claro; pero la táctica no respira, no se angustia, no se desordena emocionalmente, no duda. Las personas sí. OS: Ahí aparece una primera gran diferencia entre el jugador y el entrenador. El jugador ejecuta. El entrenador contiene, interpreta, ordena y decide. AS: Sí. Como jugador vivís el partido desde adentro. Como entrenador tenés que verlo completo.

OS: Como un sistema.

AS: Como un sistema, pero también como un clima, como una energía, como un grupo humano.

OS: Eso ya es Segundo Tiempo puro. Porque la reconversión no consiste solamente en seguir dentro del fútbol; consiste en asumir una mirada completamente distinta sobre el mismo mundo.

AS: Exactamente.

OS: Hay una frase tuya muy recordada: “El fútbol es un juego colectivo donde nadie se salva solo.”

AS: Lo sigo pensando.

OS: Esa frase no habla solo de fútbol.

AS: No. Habla también de la vida.

OS: Explícame eso.

AS: Muchas veces se idealiza al individuo: al crack, al líder, al distinto. Pero incluso el talento más grande necesita una estructura. Necesita un contexto. Necesita otros. En el fútbol eso se ve clarísimo.

OS: Entonces el talento individual no desaparece, pero deja de ser suficiente.

AS: Exactamente. El talento individual puede resolver una jugada, lo colectivo sostiene un proyecto.

OS: Y un entrenador trabaja sobre proyectos, no sobre jugadas.

AS: Sí.

OS: En el deporte profesional el Segundo Tiempo llega temprano. A los treinta y pico de años un futbolista todavía es joven para la vida, pero el fútbol ya lo considera alguien del pasado.

AS: Demasiado temprano.

OS: Alejandro, vos dijiste alguna vez algo que me quedó dando vueltas. Dijiste: “Yo me hice entrenador para, cuando dejé de jugar, tener estas emociones”. ¿Ya estabas pensando en lo que venía?

AS: Me gustaba el fútbol. Me gustaba observarlo, pensarlo. Cuando uno juega está adentro y hay muchas cosas que no ve.

OS: Pero vos empezaste a mirar antes de dejar de jugar.

AS: Sí. Siempre fui de observar mucho.

OS: Ahí hay algo importante, Alejandro. Quizás vos no lo llamabas Segundo Tiempo. Pero empezaste a construirlo antes de necesitarlo.

AS: Puede ser.

OS: Porque una cosa es dejar de jugar y después preguntarse “¿ahora qué hago?”. Y otra muy distinta es llegar a ese día habiendo descubierto que dentro tuyo había algo más que un jugador.

AS: Sí. Yo quería seguir teniendo esas emociones.

OS: Cambiaste de lugar para no perder el vínculo con aquello que te apasionaba.

AS: Exactamente.

OS: Eso es reconversión. No aferrarse al lugar que uno tenía. Encontrar desde qué otro lugar todavía puede aportar. Eso es central. Porque el problema no es solo laboral. También es identitario.

AS: Absolutamente. Durante muchos años un jugador es “el futbolista”. Todo su reconocimiento está ahí. Cuando eso termina, si no construyó otra dimensión de sí mismo, se queda sin estructura.

OS: Y ahí el retiro deja de ser transición y se convierte en caída. ¿Te preparaste para ese momento?

AS: Sí, pero no fue automático. Ni lineal.

OS: Me interesa detenerme ahí. Porque muchas veces contamos las historias como si un jugador dejara de jugar y automáticamente se convirtiera en entrenador. Pero en tu caso hubo una etapa intermedia.

AS: Sí.

OS: Fuiste ayudante de Daniel Passarella durante muchos años.

AS: Fueron años muy importantes para mí.

OS: ¿Por qué?

AS: Porque dejé de mirar el fútbol como jugador y empecé a mirarlo desde otro lugar.

OS: ¿Aprendías?

AS: Todos los días.

OS: Sin la responsabilidad final.

AS: Exactamente.

OS: Entonces ese período no fue una espera.

AS: No.

OS: Fue una preparación.

AS: Sí. Ahí entendí muchas cosas que dentro de la cancha no había podido ver.

OS: Me parece que ahí hay una enseñanza enorme para Segundo Tiempo. Muchas personas creen que prepararse significa abandonar lo que hacen para empezar otra cosa. Vos hiciste algo distinto. Seguiste dentro del mismo mundo, pero ocupando otro lugar.

AS: Exactamente.

OS: Cambió la función antes que la profesión.

AS: Renunciar a la mirada del jugador.

OS: ¿Renunciar?

AS: Sí. Porque el jugador piensa desde su función. El entrenador tiene que pensar desde la totalidad. Tiene que aceptar que ya no influye con su cuerpo, sino con su lectura, con su palabra, con sus decisiones.

OS: Ese es un cambio psicológico muy grande.

AS: Muy grande. Porque además el ex jugador muchas veces cree que su pasado le da autoridad inmediata.

OS: ¿Y no se la da?

AS: Le da legitimidad inicial. No le da capacidad automática.

OS: Esa distinción es excelente.

AS: Porque dirigir se aprende.

OS: ¿El liderazgo se aprende?

AS: Sí. Se aprende y se construye.

OS: ¿Cómo?

AS: Escuchando mucho.

OS: Muchos creen que dirigir es hablar.

AS: Dirigir es escuchar.

OS: ¿Por qué?

AS: Porque cada jugador necesita algo distinto. Hay jugadores a los que tenes que exigirles más, otros necesitan confianza, otros, límites. Si no escuchas, terminas aplicando recetas sobre personas que no son iguales.

OS: Eso exige sensibilidad.

AS: Y paciencia.

OS: Dos cualidades poco asociadas al liderazgo en el deporte.

AS: Sí, porque muchas veces se confunde liderazgo con dureza; pero el liderazgo verdadero no es gritar más fuerte. Es comprender mejor.

OS: En el Mundial 2014 tuviste que conducir un grupo enorme de expectativas, presiones y emociones. ¿Cómo se administra una presión así?

AS: Con equilibrio.

OS: ¿Qué significa equilibrio en ese contexto?

AS: No perder el eje. Ni en la victoria ni en la derrota. Ni en la euforia ni en la crítica. Porque si el entrenador se desordena emocionalmente, el grupo lo siente enseguida.

OS: O sea que el entrenador no solo ordena el juego: ordena el clima.

AS: Exactamente.

OS: Eso vuelve a llevarnos al Segundo Tiempo. Porque la reconversión profesional no exige únicamente nuevos conocimientos. Exige una nueva templanza.

AS: Sí. Y una nueva humildad; humildad para aceptar que volver a empezar también implica volver a aprender.

OS: Tu formación siempre tuvo algo de intelectual.

AS: El fútbol también se piensa.

OS: Esa frase es importante en tu caso, porque tu figura transmite exactamente eso: que la conducción no es intuición pura, sino reflexión aplicada.

AS: Sí. Aunque también hay algo que no se aprende en los libros.

OS: ¿Qué cosa?

AS: El sentido de responsabilidad sobre los demás. Te cuento, un entrenador no juega. Su trabajo es lograr que otros jueguen mejor. Su tarea no es lucirse él. Es construir condiciones para que el grupo rinda, crezca y crea.

OS: Esa definición me parece extraordinaria. Porque desplaza el liderazgo del ego a la función.

AS: Exactamente.

OS: Si hoy un futbolista joven te preguntara cómo prepararse para el Segundo Tiempo, ¿qué le dirías?

AS: Le diría algo muy simple: que no espere al retiro para empezar a pensar su futuro.

OS: Entonces coincidís plenamente con una idea central de este consultorio: el Segundo Tiempo empieza antes de que termine el primero.

AS: Exactamente.

OS: ¿Y cómo se empieza?

AS: Mirando más allá del vestuario. Leyendo. Estudiando. Observando. Entendiendo que el fútbol puede ser una escuela, pero no debería ser una cárcel identitaria.

OS: Esa frase es muy buena.

AS: Porque el jugador que solo sabe ser jugador queda demasiado expuesto cuando la carrera termina.

OS: Si tuvieras que resumir todo esto en una frase, ¿cuál sería?

AS: El jugador compite. El entrenador construye.

OS: ¿Y el fútbol?

AS: El fútbol es una escuela permanente. Pero solo aprende de verdad quien acepta cambiar de lugar dentro de ella.


COMENTARIO FINAL

La trayectoria de Alejandro Sabella ilustra con enorme claridad uno de los procesos más complejos del deporte profesional: la transición del protagonismo individual hacia la conducción colectiva. Como jugador, su talento y visión del juego ya anticipaban una comprensión profunda del fútbol. Pero fue en su etapa como entrenador donde esa comprensión se transformó en capacidad de liderazgo, lectura humana y construcción de sistemas. El Segundo Tiempo de Alejandro no consistió simplemente en continuar dentro del fútbol. Consistió en reinventar su función dentro de él. Pasó de ser una pieza del sistema a convertirse en el arquitecto del sistema y en ese movimiento dejó una enseñanza muy valiosa para cualquier profesional: el verdadero crecimiento no siempre ocurre cuando uno hace más, sino cuando aprende a hacer que otros crezcan. La conversación con Osvaldo Salvadores deja una idea central: en un deporte donde el retiro llega temprano, la reconversión no puede ser una improvisación tardía; debe ser una construcción consciente. Porque el verdadero legado de un deportista no está solo en los partidos que juega, sino en las personas que logra mejorar cuando deja de jugar.

 

 

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