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  • Enrique Portnoy

EL CAMBIO CONSTANTE: LA INCERTIDUMBRE COMO OPORTUNIDAD



¿Cuándo hubo certidumbre? Hasta el día que nacemos estamos en el vientre de nuestra mamá, lloramos cuando nacemos y empezamos a preguntarnos:

¿dónde llegamos?

¿ahora qué hacemos?

El otro instante de certeza es una certeza que a veces es difícil de aceptar, la vida termina; no sabemos ni cómo, ni cuando…

La incertidumbre atraviesa todo.

Así en la vida, como en el Ajedrez, se mueve una ficha del tablero y nos modifica toda la cancha.

Por eso, la pregunta que nosotros siempre nos hacemos es: ¿y ahora qué?

Porque la incertidumbre es riesgo, genera angustia, pero también nos genera oportunidad. Para eso nos tenemos que ir adaptando a los desafíos que nos van llegando.

¿Por qué?

Porque a medida que vamos decidiendo caminos hay alternativas que vamos cerrando y por supuesto que no tenemos que procastinar pero tampoco apurar la ilusión de la certidumbre porque no existe. (1)


¿Tenemos dudas sobre cómo sigue el partido?

¿Todavía no nos convencemos que los ciclos se van terminando?

¿Queremos seguir jugando de “Titulares del Segundo Tiempo”? Convivimos con temas controlables y con temas no controlables, pero analizando y adaptándonos a lo que viene, nos puede ir mejor; tenemos que prepararnos para lo que viene, para tener mayores posibilidades.

Quizás tenemos que entender que vivimos ciclos que se van renovando; el día se renueva, la semana se renueva, el mes se renueva… con la característica que sabemos cuándo empieza y cuándo termina.

En los ciclos que vivimos, identificamos cuando estos se inician pero no sabemos cuándo terminan.

La respuesta es una incógnita, tenemos incertidumbre.

Tampoco sabemos cómo continúan y cómo se terminan; siempre cuentan con las etapas de inicio, desarrollo, madurez y declinación y estamos expuestos. Siempre.

A nivel profesional cuando hemos estudiado, nos hemos recibido, generamos planes de carrera y trabajamos.

Cuando armamos una familia; nacemos solteros, podemos casarnos, tener hijos, y la historia sigue.

Con los profesionales del deporte, es algo diferente. El Segundo Tiempo, es el momento cuando el profesional se retira. Joven para la vida, grande para seguir compitiendo a ese nivel. Pregonamos convertir a los Jugadores Profesionales en Profesionales de la Vida. Nunca perdiendo el rumbo.

Siempre partimos de la pregunta: ¿Qué queremos ser cuando seamos grandes?

Y cuando nos responden: “Ya somos grandes…”

Reaccionamos con una “cara fea”, y conjeturamos sobre la idea que: “no somos grandes”, y que debemos estar predispuestos a crecer. Soñar.

Nos tenemos que despojar de certidumbres que no existen y permitirnos abrazar la incertidumbre como oportunidad.


Frente a variables controlables y no controlables tenemos que plantearnos objetivos.

Cuando nos referimos a las Empresas, claramente el objetivo es “la rentabilidad”.

Cuando nos referimos a las personas, ¿cuál es el objetivo? ¿Ser felices?

Entonces deberíamos proponernos brindar sentido a nuestras vidas.

Por supuesto que desde la filosofía de cada uno y definiendo prioridades con: “esto si quiero y esto otro, no quiero”.

A eso nosotros lo llamamos “profesionalizar la vida”.

¿Por dónde empezamos?

Primero hay que definir “los valores” que uno tiene. Tarea de análisis real.

No es poca la cantidad de personas que se embandera en declarar valores que a la corta o a la larga, después no logra ser consistente con el cumplimiento entre lo que ejecuta y lo que expresa.

Definir lo que es importante nos focaliza.

Después que defino “mis valores”, empiezo a evaluar “mis prioridades”.

Mi familia, mis amigos, mi trabajo, mi persona, mi equipo y comienzo a plantear las motivaciones que me permiten avanzar.

¿Qué motivación tengo?

¿Pasa por lo económico? ¿Por lo extrínseco?

¿Pasa por el desarrollo de mi persona? ¿De mi profesión? ¿Por lo interno?

¿Pasa por lo trascendente? ¿Por pertenecer a un equipo, a una Organización o a un Club? ¿Por identificarme con el grupo del que formo parte?

Todos estos planteos son normales para nosotros, los “seres humanos”, y para quienes nos movemos en un entorno social donde incluimos tanto a la Sociedad como la Organización en donde nos desarrollamos.

Y esto significa que tenemos que ser responsables, tomando decisiones racionales teniendo en cuenta que el corto plazo existe, pero siendo conscientes que la vida sigue y que luego llega el mediano y largo plazo y que al tomar decisiones siempre tendrán consecuencias en el futuro.

La vida siempre tiene sentido y debemos comprender que frente a nosotros existen varios escenarios posibles y tengo que evaluar si estoy en el camino que quiero recorrer.

Pensar si lo que estoy llevando adelante me acerca o no me acerca al lugar donde quiero llegar.

Sin miopías, como cuando se juega al fútbol, al básquet, o al deporte que se elija; viendo toda la cancha.

La incertidumbre es una oportunidad solamente si estamos preparados para enfrentarla.


Tenemos que “parar la pelota” y trabajar para lo que viene.

Las Empresas Familiares, por ejemplo, trabajan con un protocolo familiar o un documento que funciona como “estatuto” para que rija su comportamiento formal.

Nosotros, en la vida, planteamos armar un “plan de vida”, tomar una “hoja en blanco” y definir lo que queremos lograr para ocuparnos “profesionalmente”. Ocupándonos de nuestras vidas para que la causalidad sea el camino y la casualidad no sea la excusa. Siendo versátiles; con conocimientos, habilidades y actitud.

Aprender, desaprender y volver a aprender.

Entendiendo que se gana o se aprende. Nunca perdemos.

Esta forma de encarar la vida nos va a permitir crecer. Manteniendo hábitos eficaces, buscando equilibrios, teniendo pasión por lo que uno hace.

Preguntándonos en forma permanente:

¿Para qué?

¿Por qué?

¿Cómo?

¿Y ahora qué?

Siempre con trabajo, nunca con pereza. Sin escaparnos de ese desafío.

Entendiendo que existe el concepto, que nosotros defendemos, que es “ocio creativo”; el cual es necesario para seguir creciendo. Nos permite ocupar la cabeza y el cuerpo en otros temas, pero siempre estando atentos.

Para que, como decía Pablo Picasso, cuando llegue la inspiración, nos encuentre trabajando.


(1) procastinar: aplazar o posponer tareas, deberes y responsabilidades por otras actividades que nos resultan más gratificantes pero que son irrelevantes.


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