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  • Enrique Portnoy

UN VIEJO AMOR. UN PROYECTO NUEVO.



El primer gol. El primer beso. El primer título. El primer amor.

Divino, todo divino. Pero puede llegar a ser pasado...

Pasa el tiempo y hay que avanzar. Si ya todo esa etapa pasó, sigamos avanzando.

Si nos detenemos, retrocedemos. Todo sigue para adelante y tenemos que cubrir los espacios vacíos, aprendiendo para crecer y seguir disfrutando.


La causalidad permite que con racionalidad e inteligencia emocional sigamos creciendo.

Hay espacios que se producen porque nosotros los decidimos crear, o porque se van generando con el transcurso del tiempo, se terminan etapas, o porque alguien lo decide por nosotros.

Son verdaderos agujeros en el cuerpo, en el alma, en la vida...


Tenemos que parar la pelota.

Afilar el hacha para tomarnos un tiempo y entender cómo sigue la película, analizando hacia dónde queremos seguir nuestro sueño.

Siendo proactivos, sin confiar en la casualidad y yendo a buscar el protagonismo.

Sembrando buenas relaciones en el trayecto y adquiriendo conocimientos y herramientas siempre necesarios en la vida.

Los espacios que se producen debemos llenarlos, pero no con lo primero que aparece. Quizás no sea tan emocional ni emotivo, como la primera vez, pero racionalmente debemos construirlo.

Siendo actores y protagonistas de nuestras vidas, NO construyamos nuestra propia irrelevancia.

Construyamos convicciones sin necesidad de acciones coyunturales que pueden ir en contra de nuestro verdadero sueño. Hagamonos cargo de nuestro proyecto de vida.


“Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es” – Jorge Luis Borges.






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