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SALVADOR: SURREALISMO Y SENTIDO. CONVERSACIONES EN EL UMBRAL DEL CAMBIO.

  • Writer: Enrique Portnoy
    Enrique Portnoy
  • 5 hours ago
  • 4 min read

En un encuentro tan inesperado como revelador, Salvador Dalí, genio del surrealismo y provocador eterno del arte, dialoga con Osvaldo Salvadores, en el Segundo Tiempo de la vida. Ambos comparten un escritorio, una copa de vino, y una visión profunda: el arte de transformar la experiencia en una nueva forma de vida. Dalí, con su exuberancia poética y visión distorsionada del tiempo, encuentra en las ideas de Osvaldo un espejo inesperado: la posibilidad de que incluso la locura creativa pueda encontrar un nuevo cauce en la madurez.

 

REUNIÓN DE TRABAJO CON OSVALDO SALVADORES

OS: Salvador, hay algo poderoso en tu forma de habitar el tiempo. Nosotros, en Segundo Tiempo, tratamos de mostrarle a las personas que no es tarde, que todavía se puede construir. ¿Vos cómo concebís el paso del tiempo?

SD: Ah, el tiempo… ese ilusionista travieso. Yo lo derretí, Osvaldo. Lo volví blando. Porque entendí que el tiempo no es una línea recta, sino una espiral infinita. Uno nunca llega tarde si se presenta con el alma despierta.

OS: Esa es la clave. Muchas personas sienten que ya es tarde para cambiar, para aprender, para hacer algo diferente. Pero cuando conectan con sus pasiones dormidas, ocurre algo hermoso: renacen.

SD: ¡Ah, renacer! El verdadero arte, Osvaldo, no es pintar cuadros. Es reinventarse sin cesar. Yo he sido niño, genio, loco, provocador, escándalo… ¿por qué alguien habría de quedarse quieto en una sola versión de sí mismo?

OS: Eso es lo que decimos cuando hablamos de reconversión. No se trata de descartar lo vivido, sino de integrarlo. Las personas que acompañamos traen consigo una riqueza enorme: experiencia, sabiduría, intuición.

SD: Y cicatrices, querido. Las cicatrices son los pinceles invisibles del alma. Esas marcas que el tiempo deja en la carne y en el espíritu… no hay universidad que enseñe lo que enseña el dolor bien digerido.

OS: Exacto. A veces, después de muchos años trabajando en una profesión, llega un vacío. Un momento en que la rutina ya no nutre. Ahí aparece la pregunta clave: ¿qué sigue? ¿Qué quiero hacer con este tiempo que me queda?

SD: Y ahí, Osvaldo, el arte entra. Porque el arte es la respuesta a todas las preguntas que no tienen respuesta. Es la forma en que lo invisible se vuelve tangible. El arte no se limita al lienzo. Se pinta también con decisiones.

OS: Muchos llegan creyendo que ya no son útiles, que el mercado los descartó. Pero cuando redescubren lo que saben hacer, no solo lo técnico, sino lo humano, empiezan a mirarse distinto. Ahí empieza la reconversión.

SD: ¡Qué palabra bella! Re-con-versión. Es un conjuro. Significa volver a conversar con uno mismo. Y en esa conversación interna, si uno se escucha con atención… aparece la verdad. Y la verdad nunca se jubila.

OS: Nosotros proponemos caminos para eso: programas, mentorías, talleres, comunidad. Pero más que estructuras, ofrecemos espejo. Porque cuando te ves reflejado, a veces por primera vez en años… ahí comienza la transformación.

SD: Y un buen mentor, como tú, no da respuestas. Hace preguntas. Las buenas preguntas, Osvaldo, son como puertas. Un hombre puede vivir 60 años en una misma habitación… y una buena pregunta le abre el universo.

OS: ¡Así es! ¿Qué querés hacer ahora con lo que sabés? ¿Cómo querés vivir los próximos 20 años? ¿Qué querés dejar como legado? Son preguntas que invitan a imaginar, a crear, a atreverse.

SD: Eso es arte. Vivir como si la vida fuera una performance única. Sin ensayo. Y con un público que no importa, porque el verdadero aplauso es el que uno se da a sí mismo, al final del día.

OS: Me emociona ver personas que después de décadas se animan a estudiar algo nuevo, a emprender, a escribir, a pintar, a enseñar. Como si el alma dijera: “ahora que ya aprendí de la vida, quiero ofrecer lo mejor de mí”.

SD: ¡Oh, el alma madura! Es como un vino que estuvo años en la barrica de la existencia. Cuando se abre, perfuma todo el universo. Y eso, querido Osvaldo, sólo puede ocurrir en el Segundo Tiempo.

OS: Por eso decimos que no es un cierre. Es una apertura. No se trata de cambiar por cambiar, sino de conectar con un propósito real. Algo que te encienda por dentro. Que le dé sentido al paso de los días.

SD: Y sentido, mi buen mentor, es la obra de arte más escasa del siglo. Todos quieren éxito, fama, likes… pero pocos buscan sentido. Y el Segundo Tiempo es el gran escenario para encontrarlo. Porque ya no necesitas probarle nada a nadie.

OS: Sólo a vos mismo.

SD: Exacto. Y cuando uno se vuelve su mejor espectador… entonces puede vivir con arte, con locura, con gratitud. Porque el tiempo no se acaba… se transforma.

OS: Brindemos, Salvador.

SD: ¡Brindemos por el futuro con bigotes y propósito! Que cada Segundo Tiempo sea una revolución íntima. Que el tiempo nos moldee como escultores, y no como verdugos.

 

Todas las entrevistas contenidas en nuestros libros "Profesionales del Segundo Tiempo" y "Procesos del Segundo Tiempo", junto con varias notas, las podes encontrar en nuestro podcast en Spotify: https://open.spotify.com/show/5gVpQMHLI0lY2qvk8I1lgs?si=N4QzDrQeRnyuJbeycIbSbQ

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