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PROYECTOS DE SEGUNDO TIEMPO - NOTA I a - "EL QUIEBRE"

  • Writer: Enrique Portnoy
    Enrique Portnoy
  • 13 minutes ago
  • 3 min read

EL QUIEBRE: CUANDO ALGO SE ROMPE ANTES DE QUE SEPAMOS QUE HACER CON LA SITUACIÓN

El quiebre no suele presentarse como un evento claro. Rara vez llega con una escena dramática, un cierre definitivo o una señal externa imposible de ignorar. La mayoría de las veces, el quiebre es silencioso. Interno. Incómodo. Aparece como una sensación persistente de desajuste entre lo que uno hace y lo que ya no siente.

En los procesos de Segundo Tiempo, el quiebre es el verdadero punto de inicio. No porque marque una decisión, sino porque señala una pérdida de coherencia; un escenario completamente nuevo. Algo que durante años funcionó como eje empieza a desordenarse. La actividad continúa, los resultados pueden seguir llegando, pero el sentido se debilita. No necesariamente hay sufrimiento explícito; hay desgaste. No hay caos; hay distancia.

Muchas personas atraviesan este momento sin poder nombrarlo. Siguen cumpliendo. Siguen respondiendo. Desde afuera, incluso, pueden parecer exitosas; desde adentro, sin embargo, algo se resquebraja. La motivación se vuelve frágil. La energía se administra con dificultad. El entusiasmo se reemplaza por obligación. Aparece una tensión difícil de explicar: no hay un problema concreto, pero tampoco hay plenitud, algo falla...

Este quiebre no distingue profesiones. En el deporte profesional suele aparecer de forma más visible porque el cuerpo actúa como límite. Una lesión, una baja de rendimiento, una suplencia prolongada, la pérdida de un lugar. El cuerpo dice lo que la cabeza intenta negar. En otros ámbitos, el quiebre puede no tener un correlato físico tan claro, pero el mecanismo es el mismo. El cuerpo aparece de otra forma: cansancio crónico, irritabilidad, apatía, desconexión, dificultad para disfrutar de lo que antes resultaba natural.

El error más frecuente en esta etapa es interpretar el quiebre como una debilidad personal, como falta de carácter, como ingratitud. “¿Cómo me voy a sentir así si hasta ahora me fue bien?”, “¿cómo voy a querer cambiar si logré lo que muchos desean?”.

Estas preguntas, lejos de ayudar, suelen profundizar la negación; y la negación no detiene el proceso: lo posterga y lo complica. El Segundo Tiempo no empieza cuando se toma una decisión. Empieza cuando aparece este quiebre interno. Cuando algo deja de cerrar. Cuando el deseo se corre, aunque todavía no sepamos hacia dónde.


EL QUIEBRE NO ES URGENCIA, ES INFORMACIÓN. INFORMACIÓN QUE ANTES NO TENÍAMOS.

Uno de los aprendizajes más importantes en los procesos de reconversión profesional es entender que el quiebre no exige acción inmediata. Exige comprensión, escucha, tiempo. El problema no es sentir que algo ya no funciona; el problema es responder a esa sensación con ansiedad.

La urgencia es una reacción típica del inicio del Segundo Tiempo. Aparece como una necesidad imperiosa de “hacer algo”. Cambiar rápido. Decidir ya, moverse para no sentir. En muchos casos, esa urgencia lleva a decisiones que tranquilizan en el corto plazo pero hipotecan el proceso en el largo. No porque sean malas decisiones en sí mismas, sino porque son decisiones tomadas desde el miedo, no desde la comprensión del momento vital. Debemos comprender el funcionamiento de las cosas.

El quiebre trae información valiosa, habla del cierre de una etapa. De un ciclo que se agotó, de una identidad que necesita transformarse. Pero esa información no se decodifica con velocidad, sino con pausa. Requiere tolerar la incomodidad de no saber y requiere aceptar que todavía no hay respuestas claras.

En el deporte, este momento suele ser negado todo lo posible. El entorno presiona para seguir. El calendario no espera. El sistema no habilita pausas reflexivas. En la vida profesional, en general, ocurre algo parecido, aunque de forma menos explícita. El ritmo, las responsabilidades, las expectativas ajenas empujan a seguir funcionando aún cuando el sentido se haya debilitado.

Segundo Tiempo propone otra lógica: parar la pelota. No para abandonar el partido, sino para entender. No para retirarse, sino para leer el momento. El quiebre no es el final de nada; es el inicio de una pregunta que no se puede evitar.


LAS DISTINTAS FORMAS DE QUIEBRE

la nota continúa la próxima semana



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