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  • Writer's pictureEnrique Portnoy

Diego Valeri analiza a la Selección de Estados Unidos en Qatar ‘2022



El criterio del éxito en el futbol siempre es una cuestión subjetiva. Entendiendo que, cada uno y todos, podemos definir “éxito” de diferente manera. Si esto no fuera así, solo tendría éxito aquel equipo o individuo que logra ganar el torneo. Habría un solo exitoso. “Ganar o Aprender” esa es “la cuestión shakespeareana” del futbol y quizá de la vida.


El USMNT (United States National Soccer Team) no empezó el mundial en Qatar, lo inició en Orlando con un gran 5-1 contra Panamá que lo dejó con el ticket “on hold” para Doha. Si no perdía por goleada en la última Jornada de las eliminatorias de la CONCACAF frente a Costa Rica, estaba adentro. Perdió, pero logró el primer objetivo que se ajustaba a su criterio de éxito: no volver a quedar eliminado de un Mundial de Fútbol.

Un plantel joven, renovado y fresco. Una idea de juego bien trabajada por el cuerpo técnico con muchas horas de Camps que, en general, se hicieron en California con jugadores del futbol local pero que, a la hora de enlistar los nombres para el Mundial, decidió llevar futbolistas que en su gran mayoría no estaban jugando en la Major League Soccer (MLS), jugaban en Europa, por supuesto incluyendo a su emblemático número diez: Christian Pulisic.

Un equipo preparado para pelear y con varias incógnitas presentes:

¿Hasta dónde podría llegar?

¿Hasta dónde los errores cometidos y la ineficacia, mostradas hasta ese momento, le permitirían avanzar a un plantel en el cual ninguno de sus jugadores había participado en un torneo así?


El primer partido fue contra Gales. USMNT mostró todas sus cartas. Búsqueda de posesión de la pelota, un planteo posicional bastante rígido, un mediocampo con mucho volumen de metros recorridos, ataque por las bandas con los laterales, predisposición a siempre arriesgar, mucho entusiasmo, poco manejo de la adrenalina y sufriendo el jugar con una carta que nadie quiere que le toque: la falta de gol.

El resultado final: 1 a 1. El primer gol en el mundial apareció cuando Pulisic engaño al mediocampo gales, moviéndose entre líneas, y quedó solo frente a la línea defensiva. Metió un pase elegante y preciso para Weah que, luego de una buena diagonal al espacio, controló y definió con una caricia de cachetada con la parte externa del pie derecho. Golazo. El partido se empezó a dormir y Estados Unidos a dormir con él. Se comenzó a sufrir con la pelota parada en contra y, por supuesto a poner en riesgo el resultado a pesar del dominio evidente.

Y sobre el final, llegó un penal para Gales. Siempre me molestó conceder goles en contra a la salida de un lateral. Sin dudas en un Mundial, a la salida de un lateral, debe doler muchísimo más. Eso fue lo qué pasó.

Lateral para Gales, desborde fácil, centro atrás y Gareth Bale se encargó de todo lo que no queríamos. Busco el contacto de un Walker Zimmerman apasionado que, en lugar de despejar la pelota, pateó al jugador contrario. Falta de experiencia, de tranquilidad, de lectura del momento y de manejo del partido. El penal se cambió por gol.

Primera lección. Primer punto ganado con sabor a poco.


Los partidos contra Inglaterra siempre tienen un picante extra. Mucho más si en el partido previo Inglaterra viene de golear 6 a 2 a su rival en el debut mundialista. El USMNT tenía que demostrar algo superador. Mostrar una carta más, una que no tiene números: el coraje, el sentir la camiseta. Y así fue. Jugó un gran partido contra un rival que venía más sólido en todo sentido, empezando por tener “chapa” histórica.

Emparejó el juego contra un rival de mayor jerarquía, con sus propias armas y, por momentos, pudo ponerse en ventaja. Otra vez, tal cual lo previsto antes de la competencia, le costó concretar y se evidenció la falta de un goleador que, hasta el momento, no aparecía. El 0 a 0 final fue un avance hacia la clasificación a Octavos. Seguía dependiendo de sí mismo para clasificar. Había que ganarle a Irán.


Contra Irán jugó un primer tiempo de alto vuelo. Mereció irse al vestuario ganando por más de un gol, pero con merecer no alcanza. Hay que hacer los goles. La eficacia a cierta altura y nivel de la vida también es jugar bien. Hay que definir lo generado.

Beirhalter, el director técnico, buscó al goleador de una forma extraña, no desde la confianza sino desde la rotación; ya que “el objetivo del gol” no estaba funcionando. Los goles venían de los Wingers (extremos). Pulisic fue quien conectó un centro a un toque de Serginho Dest, tras un pase flotado de Mckenie. En el segundo tiempo llegó lo complicado. El cansancio junto al miedo a ganar. Y a “aguantar”.

Situaciones que se complican cuando sos un equipo que no está preparado para ganar defendiendo un resultado sino atacando para conseguirlo. Sufrió, pero el futbol lo perdonó.


En Octavos de final, el que no perdonó fue Países Bajos. No porque haya sido ampliamente superior en el desarrollo del partido sino porque sacó ventaja con eficacia, experiencia y haciendo algo fundamental en la competencia: plantearse como seguir superando etapas. En este partido lo consiguió con sencillez. Se aprovechó de un equipo que no supo jugar bien en las zonas de definición. Pulisic falló un mano a mano a los 2 minutos de partido que hubiese cambiado el ánimo y el entusiasmo del equipo, que tuvo un arranque intenso y que parecía enfrentar el desafío como correspondía hacerlo. Lo incomodó a Países Bajos hasta que llegó el primer gol en una salida rápida que agarró pésimamente mal parado a Estados Unidos, diría demasiado parados. Retrocediendo sin marcar hasta su propia área, ocupando espacios sin interceptar el balón, dejando pensar y esperando que la jugada termine en el propio punto penal. Obviamente termino en gol, una buena jugada holandesa con mucha pasividad de parte del USA team. El segundo gol de Países Bajos fue al final del primer tiempo. A la salida de un lateral, si créanme, otra vez, a la salida de un lateral. Un gol gemelo del primero del partido; todos mirando, centro atrás, definición y a cobrar. Los cambios del segundo tiempo empujaron al equipo norteamericano hacia adelante en busca del empate y cayo el gol en el minuto 75. Solo cinco minutos después Países Bajos no hizo más mérito que tirar un centro pasado de izquierda a derecha, poner 4 jugadores en el área rival y definir sin obstrucción alguna. Se terminó la ilusión de continuar y dar un batacazo.


Luego de haber jugado diez años en el futbol de la MLS, me siento parte y me dolió la derrota como si fuese propia. Ante todo, porque analizo, y lo hago desde adentro, el potencial del futbolista norteamericano, la enorme estructura del deporte y el particular amor del pueblo joven por el futbol Soccer y estoy convencido que podemos crecer, seguir aprendiendo y apuntar a que nuestro camino, a través de la dedicación, esfuerzo y aprendizaje; siga expandiéndose. Para seguir creciendo, me pregunto:

¿Cómo se aprende a ganar por primera vez?

Teniendo en cuenta que la casualidad no existe y que a la suerte siempre hay que ayudarla con la causalidad, me sigo preguntando: ¿Ganar por primera vez una copa del Mundo será posible?

A todo el talento que tenemos ¿cómo lo ayudamos desde nuestro pequeño lugar o desde la organización de las instituciones más grandes?

¿Qué se necesita?

Parece ser que se necesita un poco de todo. Continuemos avanzando, aprendiendo de los partidos, los campeonatos y los torneos, porque el criterio del éxito irá cambiando.

En ese horizonte, aparecerá ante nosotros otro interrogante: ¿Y ahora qué?

Habrá que seguir creciendo.


Diego Valeri: Comentarista MLS “360” en español; Ex jugador profesional de fútbol Portland Timbers – MLS, Lanús (Argentina), Porto (Portugal), Almeria (España), profesional de la vida.




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