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  • Enrique Portnoy

APARECIÓ UN PROBLEMA, ¿Y AHORA QUÉ HACEMOS? – NOTA I (1)


Ante la aparición de un problema, tenemos que tomar una decisión.

Este es el momento en que estamos obligados a decidir para avanzar.

Todo es dinámico y para seguir creciendo hay que pensar y hacerse cargo.

Evaluando las distintas alternativas posibles y estableciendo reglas que estructuren nuestro proceso de toma de decisiones.

Siempre de acuerdo a nuestras prioridades y a nuestra filosofía de vida.

Pensar nos permitirá flexibilizar nuestros puntos de vista y descubrir nuevas opciones y soluciones a un problema.

Analizando consecuencias posibles sobre nuestras posturas seremos capaces de evaluar y proyectar versiones diferentes sobre una misma situación.

Siempre podemos tomar la decisión de “no tomar ninguna decisión”, esperando el milagro… Muchas veces “ese” es el peor camino.


Problema "teórico": Tengo que resolver mi futuro profesional.

Definir ¿qué quiero ser cuando sea grande?

Y ahí comienzan a surgir las diferentes maneras de encarar el proceso para avanzar.


Una postura para asumir: Todo nos va a salir bien. Con optimismo.

“Voy a ser un gran Veterinario. Me gustan los animales. Los quiero mucho y los trato muy bien”.

“Seré un muy buen Contador. Los números y las matemáticas son mi pasión”.

“Voy a ser un excelente Director Técnico. He jugado muy bien al fútbol, (al básquet, al voleibol…) entiendo la forma de jugar, me he destacado y tengo mucha experiencia”.

¿Nos puede ir bien? ¿Es esta una postura posible?

Si, pero necesitamos que el análisis a realizar sea exigente.

Partiendo de razones lógicas para que lo proyectado pueda suceder.

Es una mirada positiva siempre buscando encontrar los beneficios y las ventajas reales de la decisión a tomar.

Vamos a decidir intentando conseguir lo deseado; poniendo de nuestra parte “lo necesario para que todo salga bien”.

Viendo el vaso lleno y teniendo en cuenta lo mejor que puede ocurrir con cada una de las opciones a seleccionar.

Al analizar esa idea, desde este punto de vista optimista, evaluar el máximo beneficio que podríamos obtener y ser constructivos. Focalizados en la opción del suceso deseado y definiendo cuáles serían los próximos pasos a realizar.

Siempre buscando el lado positivo de las cosas.


Ese mismo problema, lo podemos pensar desde otro lugar.

Con cautela y prevención. Con la evaluación de las razones lógicas que balanceamos para convencernos sobre la base de la decisión a tomar. Esta postura es la contracara de la anterior.

Voy a ser un gran abogado. Voy a estudiar en la Universidad. Después voy a realizar un master y a encarar un proyecto de Educación Continuada”.

“Voy a ser un excelente Director de Cine Publicitario. Quiero pasar y aprender por todos los puestos de una productora de Cine. Ser asistente de dirección, de producción, saber hacer presupuestos y control de gestión, post producción, y lo que necesite para prepararme en la carrera”.

Pero en esta postura "paramos la pelota" porque nos surgen "otras sensaciones". Necesitamos del análisis crítico.

Planificando y reflexionando sobre el proceso presente.

Siempre partiendo de ser realista y teniendo en cuenta el ¿por qué podría no funcionar?

Entendiendo el escenario al que vamos a estar expuestos; con análisis y evaluación sobre los peligros, las dificultades y los riesgos a enfrentar.

Entendiendo si estamos dejando de lado algún aspecto importante en la evaluación.

Con la postura del Abogado del Diablo, planteando ¿qué es lo peor que puede ocurrir al optar por alguna de las alternativas que tenemos presentes?



(1) En esta serie de notas iremos compartiendo diferentes formas de pensar para lograr estructurar una forma racional toma de decisiones, que podamos utilizarla en forma permanente; en nuestro día a día para el corto, mediano y largo plazo.

Referencias obtenidas de: "Seis sombreros para pensar" - Edward De Bono



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